Hace medio siglo que se lanzó el primer programa nuclear destinado a la generación de electricidad. Sin embargo, año tras año se debaten casi las mismas cuestiones como si de una energía incipiente se tratara. La seguridad, los costes y los residuos radiactivos se ponen en entredicho continuamente, sobre todo cuando trasciende un fondo electoral.
La energía nuclear, es ante todo, una cuestión social.
A principios de los noventa, el Gobierno socialista de Felipe González renunció al programa nuclear, haciendo hincapié en la no construcción de nuevas centrales. . El actual presidente José Luis Rodríguez Zapatero afirmó a principios de su candidatura que era “el más antinuclear del Gobierno”, y mostró su apoyo a las energías renovables pero, a día de hoy, el fomento de la energía nuclear se encuentra en auge. ¿A qué se debe este cambio? En primer lugar, las citadas energías renovables no están siendo capaces de confiar a corto plazo todo el peso de la sustitución de combustibles fósiles. Además, no pueden estar a la altura del incremento adicional esperado de la demanda eléctrica.
Es decir, hasta hace bien poco, la energía nuclear no resultaba lo suficientemente competitiva a nivel económico, pero en la actualidad, con el precio del barril entorno a los 150 dólares, se abre de nuevo el debate nuclear.
Los motivos principales por los cuales España se integra de nuevo en los negocios nucleares son: la escalada en los precios del combustible fósil (petróleo, gas y carbón), la inseguridad en su abastecimiento, y el coste de los compromisos medioambientales adquiridos en el marco del Protocolo de Kioto y en el seno de la UE para evitar emisiones de CO2 a la atmósfera. No olvidemos que, en la actualidad, la energía nuclear es la única fuente disponible capaz de producir grandes cantidades de electricidad sin contaminar la atmósfera, ya que no emite CO2. Todas estas cuestiones explican el resurgimiento del debate sobre el futuro de la energía nuclear en la producción de electricidad. La prolongación de la vida útil de los actuales reactores, es la preferida por las eléctricas españolas dado que sus instalaciones están muy amortizadas y prácticamente todo lo generado serán ganancias para ellas.
Por todo ello, no es de extrañar que en 2008, Zapatero se manifestara ya a favor de la energía nuclear, o por lo menos se mostró comprometido a respetar la vida útil de las centrales, aunque no se construyeran nuevos parques nucleares. Fue en el pasado mes de julio cuando el gobierno socialista tuvo una de sus más importantes decisiones en cuestiones nucleares. La central de Garoña cumplía con el número de años de vida útil establecidos y debía de cerrar o prorrogarse.
Por todo ello, no es de extrañar que en 2008, Zapatero se manifestara ya a favor de la energía nuclear, o por lo menos se mostró comprometido a respetar la vida útil de las centrales, aunque no se construyeran nuevos parques nucleares. Fue en el pasado mes de julio cuando el gobierno socialista tuvo una de sus más importantes decisiones en cuestiones nucleares. La central de Garoña cumplía con el número de años de vida útil establecidos y debía de cerrar o prorrogarse.
“La energía nuclear es la única fuente disponible
capaz de producir grandes cantidades de electricidad
sin contaminar la atmósfera,
al no emitir CO2”
A día de hoy, la central sigue funcionando pese a las numerosas manifestaciones y de la polémica que ha habido alrededor de esta cuestión, sobre todo por la confrontación mostrada por grupos como Greenpeace. La central de Garoña produce el 1,5% de la electricidad consumida en España y es ejemplo de referencia y funcionamiento mundial.
Quienes han defendido el mantenimiento de Garoña y el resto de defensores de la energía nuclear y su fomento, argumentan que son más las ventajas que las desventajas que presenta el sector nuclear. Aseguran que ayuda a garantizar el suministro por su funcionamiento ininterrumpido en ciclos de hasta 24 meses; contribuye a controlar el efecto invernadero, ya que no emite CO2; consume un combustible abundante y que presenta una logística de aprovisionamiento diversificada y fiable; presenta costes de producción estables y predecibles; dispone para su operación, mantenimiento y soporte técnico de unos equipos humanos muy cualificados, y presenta todas las garantías de seguridad con la supervisión de un órgano independiente que sólo rinde cuentas al Parlamento, en el caso español.
Pese a la defensa de esta energía, y a que no hay impedimento legal hoy en España para tramitar una solicitud de licencia para una nueva nuclear, las eléctricas apenas se lo plantean. Sin embargo, parece imposible abordar un proyecto complicado y oneroso como el relanzamiento de nuevas centrales, sin que se establezca previamente un marco político y un cierto consenso social que garantice, a las empresas y a sus financiadores, que no van a haber cambios regulatorios que desbaraten las condiciones, inicialmente previstas, para unas inversiones a muy largo plazo. El principal motivo por el que dicen negarse al desarrollo de las centrales es el tema de los residuos radioactivos. De hecho, ni se conoce con exactitud cuánto puede costar realmente su gestión. En España, los residuos de media y baja actividad están almacenados en El Cabril (provincia de Córdoba). En cuanto a los residuos de alta actividad, ENRESA, la empresa pública a quien se confía su gestión, proyecta para 2011 un gran almacén. Todavía no se sabe dónde se ubicará, y hasta entonces, el combustible utilizado se almacena en las propias centrales nucleares, bien en piscinas o en almacenes en seco.
“Son muchos los pueblos
que aprueban la ubicación de una central nuclear,
pero a la vez,
rechazan el almacenamiento de residuos”
Frente al discurso alarmista de los residuos radioactivos, decir que menos del 1% pertenecen a los residuos peligrosos globales y tienen cabida en un lugar pequeño, parecido al salón de nuestra casa. El resto de radiactividad baja, puede eliminarse en depósitos superficiales o a nivel del suelo sin que eso conlleve ningún problema para el ser humano o el medio ambiente. En España no ha habido que lamentar ningún accidente de este tipo.
Otro factor negativo a tener en cuenta son los costes de desmantelamiento. En España, por ejemplo, desmantelar Zorita cuesta más de 170 millones de euros. A esto hay que sumarle los 200 millones de euros anuales que los propietarios de las centrales destinan para su conservación y mantenimiento.
Las centrales nucleares no explotan, ni contaminan si no hay accidentes. Ni siquiera hacen ruido, pero de todas las fuentes de energía que se utilizan para diversificar el suministro (petróleo, gas, carbón, aire, sol o agua) son las únicas que generan residuos altamente contaminantes. Y lo seguirán siendo dentro de 500 años, y puede que dentro de 2.000. Sin embargo, estamos ante un claro ejemplo de hipocresía social cuando comprobamos que hay pueblos que apoyan las centrales nucleares, sobre todo por los beneficios económicos que conllevan en la zona, pero que a la vez, rechazan el almacenamiento de residuos nucleares, los llamados “cementerios”. Es decir, quieren la energía nuclear pero sin asumir los inconvenientes. De todas formas, se está trabajando para que la fisión nuclear sustituya a la actual fusión nuclear y así, evitar los residuos, aunque la primera presente un coste más alto.
Lo que sí es una realidad es que el 30% de la energía de la Unión Europea es de origen nuclear. En Francia asciende al 80% y en España, apenas supera el 18%. Y no sólo se utiliza con un fin eléctrico, sino también en numerosas aplicaciones médicas (como el radiodiagnóstico, la radioterapia o la medicina nuclear), en el sector de la agricultura y la alimentación, en aplicaciones medioambientales (el uso de radiaciones ionizantes permite caracterizar y eliminar contaminantes en aire, agua y suelo), y en diversos usos industriales.
Lo que sí es una realidad es que el 30% de la energía de la Unión Europea es de origen nuclear. En Francia asciende al 80% y en España, apenas supera el 18%. Y no sólo se utiliza con un fin eléctrico, sino también en numerosas aplicaciones médicas (como el radiodiagnóstico, la radioterapia o la medicina nuclear), en el sector de la agricultura y la alimentación, en aplicaciones medioambientales (el uso de radiaciones ionizantes permite caracterizar y eliminar contaminantes en aire, agua y suelo), y en diversos usos industriales.
Quizás es hora de subirnos al carro de la energía nuclear, como lo hace nuestro país vecino, y no quedarnos atrás en el desarrollo de la energía del futuro.

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